* BEATRIZ HURTADO *
Nació en Villamaría Caldas, Colombia, el 7 de marzo de 1955. A sus dos años se traslado con sus padres a la ciudad de Cali, capital del Valle del Cauca, donde reside actualmente.
La inquietante búsqueda de su interior y sus cuestionamientos frecuentes sobre el ser, la han llevado a investigar profundamente el comportamiento humano en la ciudad. En esta le tocó batallar después de recorrer incansablemente en medio de los cañaduzales, plantíos de mangos, guayabales, riachuelos con pescaditos cupis, columpios en medio del bosque donde elevarse era tocar el cielo con el viento pegado al rostro y sentir la plena libertad de ser. De aquí su afán por capturar ese centro que se nos va perdiendo en la alienante ciudad que todo lo da, que atiborra la mente de cosas, ruidos, mini espacios, consumo, política, economía y silencios.
Ante el hecho de no encontrar cambios en lo social que asegure un mejor estado de cosas, con la mirada siempre puesta en el otro y sus circunstancias, consigue expresar la inconformidad, a la vez que teje en sus obras un sentido de pertenencia a su entorno. Con agresividad sienta el precedente disociador, dando signos al espectador para que no sólo trate de conservar su centro sino de pensar en el otro, de sentirse también el otro, prolongarse en el otro, encontrar diferentes puntos de apoyo y equilibrio, paras no perderse en el silencioso gigante citadino.
1979 Hotelería y turismo Universidad Tecnológica Equinoccial Quito Ecuador
1985 Arte dramático Instituto Popular de Cultura, Cali Colombia
1988 Taller de cerámica y pintura maestro Braulio Lucumi, Cali Colombia
1990 Taller de pintura y dibujo academia del maestro Labrada, Cali Colombia
1992 Artes plásticas Instituto Popular de Cultura, Cali Colombia
1996 Colegio Alemán, Cali Colombia
1987 Sociedad de Mejoras Públicas, Cali Colombia
2000 Biblioteca Centenario, Cali Colombia
- “MI CENTRO EN EL CENTRO DE LA CIUDAD”
Qué decir de esta obra? Caminar es fácil cuando la corriente nos lleva y nos trae, irnos sumergiendo en un mundo colorido y sórdido del centro de la ciudad es imperceptible. A través del color negro y blanco en sus pinturas, se contrasta los polos del ser: el equilibrio interior que todos llevamos dentro y el obscuro negro que como vaho va cubriendo, desapareciendo nuestra verdadera identidad. Es desde ahí que -no sólo su blanco y negro, sino también los símbolos- se van integrando en la obra lo que lleva a la búsqueda de nuestro propio centro, es recordar la misión de impedir a la alienante ciudad matar nuestro centro y convertirnos en seres uniformes, inertes, robóticos, fluctuantes, pasivos.
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